Recorriendo Hoya de Huesca

Para muchos hay demasiado rincones de Aragón que son desconocidos, entre ellos Huesca y alrededores. Así que con dos buenos amigos viajeros, Lala e Iván Marcos, nos lanzamos a conocer la comarca de Hoya de Huesca, sin saber demasiado de la zona pero seguros de que nos íbamos a encontrar un montón de sorpresas.

Aunque son muchas las atracciones que tiene esta zona, a nosotros nos sorprendió por dos conceptos principalmente. El primero sería su valor histórico y el segundo por sus paisajes y la diversidad de actividades que ofrecen. Pero comencemos por el principio, que no podía ser otro era la propia Huesca, cuyo casco histórico está comandado por su impresionante Catedral y entre otras el Monasterio de San Pedro el Viejo, que bien merecen una vista, por las obras de arte que tienen en su interior destacando las “vidrieras” de alabastro y su impresionante retablo.

Salimos de la ciudad Huesca porque nuestra visita nos llevaba al Oeste hacia Riglos y paramos a comer en el Restaurante Venta del Sotón, decorado como una casa tradicional del Pirineo Aragonés y donde se pueden comer platos tradicionales con un giro hacia platos más modernos, aún así lo mejor es dejarse recomendar por los camareros y acabar como nosotros comiendo un ternasco que se deshacía en la boca.

Llegamos entonces con el estómago lleno, a disfrutar de la increíble arquitectura natural de los Mallos de Riglos que dominan toda la zona. Estos mallos son el hogar de bastantes buitres y no hay mejor manera de verlos que vistando el centro de interpretación de rapaces de la propia ciudad. Lo que hace único a este centro de interpretación es que tienen instaladas unas cámaras muy cerca de los nidos que permiten ver y estudiar la vida de los buitres en directo.

Aprovechamos que estábamos por la zona para visitar Ayerbe y especialmente una de sus tiendas más famosas: Casa Ubieto, donde se pueden encontrar un montón de productos de la zona y donde su joya particular son las trufas. No dejen de probarlas, acompañadas de alguno de sus deliciosos vinos.Nuestro alojamiento para la noche, lo hicimos en la cercana localidad de Murillo de Gállego y en la Real Posada de Liena, situada en el centro histórico del pueblo y desde cuyo balcón se pueden ver los propios Mallos de Riglos en una vista privilegida.

 

El día siguiente lo dedicamos a aprovechar para probar un poco las variedades de deportes de riesgo que tienen por la zona de la mano de los pedazo de profesionales que tienen en Verticalia y en River Guru. Calentamos motores con un circuito de arborismo, pasamos haciendo kayak por los rápidos del río y acabamos saltando en puenting. Adrenalina pura y dura. Uno de los puntos fuertes de la zona.

Compensamos el exceso deportivo de la mañana con una tarde mucho más cultural e histórica. En primer lugar visitamos esa estrella del cine que es el impresionante Castillo de Loarre, que tiene en el currículum haber participado en películas como el Reino de los Cielos de Ridley Scott. Menos famosa pero igual de admirable es la Ermita Rupestre de la Virgen de la Peña, incrustada en una ladera de la montaña y de decoración barroca, donde se viven algunas de las fiestas más importantes de la zona. Ojo, para llegar o tienen un todo terreno o deberán planteárselo como una rutita. Cerramos la tarde visitando esa exquisita pieza de arte que es el Retablo Mayor de la Colegiata de Bolea.

Con un día tan completo regresamos a Huesca a recuperar fuerzas cenando en el restaurante Lillas Pastia, situado en pleno centro de la Ciudad junto al Casino y donde la cocina es sencillamente espectacular. Una fantástica manera de darle placer a los paladares antes de nuestro último día en la Comarca, que dedicamos por completo a recorrer parte del parque Natural de la Sierra de Guara, paraíso para amantes de la naturaleza donde no podemos dejar de recomendar el Salto de Roldán, y animar a los más valientes a subir hasta la cima a estar de tú a tu con el vuelo de los buitres.

Cerramos el día antes de regresar comiendo unas carnes estupendas, acompañadas de gazpacho, quesos y embutidas de la zona en la Posada Abadía de Siétamo, antes de dar visitar la perdida iglesia de San Migule de Foces y emprender la vuelta a casa. En total tres días llenos de muy buenos recuerdos descubriendo una región llena de posibilidades.

Si te ha gustado el recorrido, puedes seguir el plan que hicimos.

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