París en tres días

Paris

Estoy seguro que alguna vez has tenido algún puente en el que no sabes que hacer y que te encantaría ir a París. Es normal, París es una ciudad que enamora al corazón más duro, así que siempre te acabas marchando con la sensación de querer volver. O puede que no lo conozcas pero quieres quitarte esa espinita.

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Lo que no tienes claro es si con tres días podrás aprovechar mucho la ciudad o no. Es una duda razonable, porque París tiene un montón de visitantes al año y es probable que puedas perder mucho tiempo en colas que te acabe desesperando. Déjame que te cuente como lo organizamos Ainara, Lala y yo para optimizar el tiempo al máximo.

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Lo mejor que pudimos hacer es dejar todo listo antes de irnos, para eso contactamos por un lado con Atout France para que nos ayudaran con las gestiones. A través de ellos pudimos conseguir el transfer del aeropuerto al hotel (que nos estaba esperando según llegamos) y tener ya listo un billete de metro, otro de bus turístico y el pase de los museos para poder llegar y empezar a ver cosas. También nos ayudaron con algún que otro capricho, como la cena en barco por el Sena o el tour de la Torre Eiffel con cena con vistas incluida. Y por supuesto, nuestra entrada para el Moulin Rouge. Teníamos todo listo antes de llegar al aeropuerto.

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Para el vuelo optamos por viajar con Air France, queríamos la seguridad de que todo iba a ir perfecto. Ya habíamos hecho el check-in online desde el propio móvil (con la aplicación de Air France, superfacil) así que solo tuvimos que llegar y dejar las maletas y antes de que nos diéramos cuenta ya estábamos en París.

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Con el bus turístico nos pusimos a recorrer la ciudad, la primera parada fue el maravilloso Museo del Louvre. Es la joya del arte antes del impresionismo y el museo más importante de Francia. Es inabarcable, al menos en una única visita, pero seguro que te vale para centrarte en tus periodos favoritos y poder deleitarte con ellos. Por supuesto la Gioconda y la Venus de Milo son dos paradas imprescindibles, pero que no os ciegue, el museo es alucinante en su totalidad. Generalmente tiene unas colas kilométricas para entrar, pero como ya íbamos con el Museum Pass teníamos acceso prioritario, así que no tuvimos que esperar nada para disfrutarlo.

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Terminamos del museo y nos fuimos a comer y dar una vuelta por el barrio latino, al que se puede llegar caminando en alrededor de unos cinco minutos (es probable que paséis por el puente del Arzobispado, una espontánea obra de arte moderna con miles de candados que los visitantes y especialmente parejas de enamorados dejan a su paso). Después de vuelta al bus turístico, a seguir uno de los recorridos para ver los preciosos Campos Elíseos desde el piso de arriba del bus hasta llegar a uno de los monumentos más impresionantes de París: El Arco del Triunfo.

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El Museum Pass también nos valió para entrar con prioridad en el Arco, aunque eso no nos quitó de tener que subir todos escalones para llegar a la cima. Un mal menor que todo visitante tiene que sufrir pero que se recompensa con unas vistas maravillosas. Creedme. Fue nuestro primer encuentro visual con la Torre Eiffel, que aparecía delante de nuestros ojos, al mismo tiempo que la vista abarcaba todos los Campos Elíseos con el Louvre en la distancia y hasta El Sagrado Corazón. Lo dicho, una maravilla.

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No podíamos cerrar el día de una manera mejor que aprovechando para recorrer el Sena en barco… con cena. Para enamorarnos con las vistas de la ciudad que se va encendiendo con la llegada de la noche y para enamorar el estómago con las delicias que nos prepararon. Fue un capricho que nos dimos, pero nos encantó.

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Nuestro segundo día lo utilizamos para visitar las Torres de la Catedral de Notre-Dame, la archiconocida Catedral de Paris, famosa por sus gárgolas. Hay dos visitas en la propia Catedral, una para conocer la Catedral en si misma y otra para subir a las Torres y compartir vista con sus gárgolas, que supongo que se quedaron petrificadas para poder admirarla por siempre. Ambas visitas también están incluidas en el Museum Pass.

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Aprovechamos para comer y ver el Centro Pompidou (también sin colas gracias al Museum Pass) antes de irnos a nuestro encuentro con el icono parisino por excelencia. La Torre Eiffel.

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Llegamos hasta Trocadero en Metro, desde donde se tienen las mejores vistas de la Torre. Creedme, impresiona de veras. Es majestuosa e imponente. No queríamos una visita normal y corriente, queríamos conocer un poco más de su historia, así que optamos por hacer el tour del aviador (solo está en inglés y francés) una visita teatralizada en la que además de contarte historias y anécdotas de la torre tienes acceso a zonas restringidas, como el búnker o la sala de máquinas para los ascensores originales que funcionaban con un sistema hidráulico. Además lógicamente, la propia visita a la Torre Eiffel, incluida con acceso prioritario como parte del Tour.

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Que decir de las vistas de la Torre Eiffel. Mágicas, maravillosas, con un día plagados de nubes que iba iluminando alternativamente diferentes zona de la ciudad. Nos quedamos embobados observando y dando vueltas por esa vista de 360º sobre París antes de darnos el segundo capricho del viaje. Una cena desde el restaurante 58 Tour Eiffel, cenar con París a tus pies mientras se pone el sol y llega el atardecer. Una manera perfecta de casi cerrar el día, porque nosotros lo acabamos con una visita al Cabaret más famoso del Mundo: El Moulin Rouge. Un broche maravilloso para un día fantástico.

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Nuestro último día lo utilizamos para hacer unas cuantas compras en las Galerías Lafayette (aviso a navengantes, también tienen un precioso mirador en su azotea) y recorrer el barrio de Montmartre, el barrio bohemio por excelencia de París, con un montón de callejuelas que te llevan hasta el Sagrado Corazón, otra joya fantástica de la ciudad.

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Ya solo nos restaba comer por el barrio y volver al aeropuerto. Nos quedaba un ratito para relajarnos y recordar los mejores momentos del viaje. Si vas a estar un rato medio largo en el aeropuerto te recomiendo que te pases por el Lounge de Air France, que es accesible por 30€ a todo el mundo y que tiene sofas, wifi y buffet de comida y bebida incluido. Además de información personalizada de todos los vuelos para que solo te limites a relajarte. Así da gusto viajar y volver a casa. Un viaje perfecto, sin problemas donde todo salió rodado y donde aprovechamos el tiempo perfectamente gracias a Air France y a Atout France.

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Si te apetece saber en todos los lugares en los que estuvimos, no dejes de pasarte por nuestro plan de viajes.

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