Jesús Terrés: Viajando he aprendido a mirar las cosas con nuevos ojos

Para hablar de inspiración es imposible no haber leído alguno de sus artículos.  Escribe  por ejemplo en GQ,  CondeNast Traveler, Vanity Fair o Telva, por eso y por tantas cosas creemos que Jesús Terrés es un referente en gastronomía, viajes y estilo de vida en España.  Con la intención de conocer al hombre detrás del escritor sibarita nos sentamos a charlar sobre viajes y experiencias. Puedes disfrutar de esta entrevista y seguirlo también en su perfil de minube.

 

Jesus-Terres

Jesús, en primer lugar ¿Qué significa para ti viajar?

Me dejé el alma en este artículo: Por qué viajar. Acaba así…

Viajando, ya ven, he aprendido a desaprender (la lección más difícil), aprendí a callarme y a escuchar. A mirar las cosas con nuevos ojos; a estar sólo y a moverme: la acción mata el desconsuelo. Aprendí a leer las constelaciones (Perseo, la Osa Mayor, la Casiopea) en la terraza de un bar hoy cerrado, en el ocaso de un amor y el comienzo de algo nuevo. Algo mejor. También aprendí aquel dicho mexicano: “el pájaro no es del nido en el que nace, sino del cielo en el que vuela”.

Así que deja el móvil, cierra el libro, para un momento. Mira un mapa y elige un destino. Déjate de excusas (el dinero, el tiempo, “sus” dudas, las decepciones y las fatigas) y compra un billete. Haz la maleta, cierra la cremallera y recupera ese libro descuidado. Viaja ligero, pero viaja. Emborráchate de vida. Descubre -no es fácil- que no está todo dicho, que quedan islas por conquistar. Hay un mundo ahí fuera pleno de cofres del tesoro; rebosante de secretos, liturgias, amigos, ternuras y afecto. Cofres esperando a que el pirata que eras reclame su botín.

 

¿Qué hace que un viaje sea inolvidable?

Qué difícil respuesta. Escribe Albert Camus que “El viaje, que es una ciencia más grande y más seria, nos devuelve a nosotros mismos”, así que quizá lo verdaderamente inspirador de un viaje siempre (siempre) es descubrir un poquito más de ti mismo. Más adentro.

 

¿Cuál es el destino que deseas descubrir?

Tengo muchas ganas a conocer en profundidad el valle del Mosela (la patria del Riesling, entre Francia, Alemania y Luxemburgo)) y también Stellenbosch (Sudáfrica). Sí, me gusta beber.

 

¿Qué ciudad te define? ¿Y por qué?

Dos ciudades, Cádiz y San Sebastián.

San Sebastián es orden, civismo y elegancia. Es tan hermosa que a veces hasta duele (de verdad) y de verdad es posible creer en un mundo mejor pateando la Concha o subiendo hasta Monte Ulía. Dios cree en San Sebastián.

Cádiz (pero Cádiz, Cádiz) es la vida incontrolada —e incontrolable. La belleza del caos, la fricción y la rugosidad (los japoneses llaman a eso Wabi-Sabi: la comprensión del mundo basada en la fugacidad e impermanencia). Pero sobre todas las cosas, la bondad. No hay maldad en Cádiz.

 

¿En qué ciudad naciste? ¿Y qué rincón te transporta a tu infancia?

Nací en Valencia, padres y familia emigrantes, desde Andalucía.  Realmente no tengo (o no siento que tenga) un lugar asociado a la infancia; más bien olores, sabores o hasta películas, libros y canciones. Tampoco he sentido nunca eso del amor por la bandera, el himno o la patria.

 

¿Qué no puede faltar nunca en tu maleta?

Un sacacorchos.

 

¿Un pecado imperdonable en cualquier viajero?

Viajar tras la cámara. Si haces la foto, te pierdes el instante.

 

¿Un restaurante para sorprender de verdad?

Nerua, siempre Nerua. El restaurante de mi vida (de Josean Alija, en el Museo Guggenheim de Bilbao)

 

¿Un lugar que saque tu lado más sibarita?

Burdeos y la ruta de los grandes Châteaus Lafite Rothschild, Latour, Margaux, Haut-Brion o Mouton Rothschild. Y es que si Borgoña es agricultura, viñedos y verdad; Bordeaux es “pompa y circunstancia” —en honor a esa biblia de lo anglófilo que ha escrito mi buen amigo Ignacio Peyró.

 

Ayúdanos con una tarea casi imposible… ¿lugares para sorprender a una mujer fatal?

Una mujer es fatal porque tú le concedes ese privilegio. Así que más que de fatales, hablemos de mujeres, ¿no? —venga, siete sorpresas: De Kas en Amsterdam, Bajo de guía y el barrio alto de Sanlúcar de Barrameda (si lo entiende, cásate con ella), Ezcaray en otoño, la ría de Bilbao en primavera, las cafeterías de Shoreditch y las tiendas (qué bonita es Aesop) de rue Saint-Honoré, Monvínic un viernes por la tarde y por supuesto, siempre, siempre, siempre: Madrid. Puedes seguir buscando inspiración y descubrir todas estas ciudades en minube

 

Caleta

 

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