Conociendo Menorca

Con la de ganas que tenía yo de conocer Menorca, ya iba siendo hora de hacer la maleta y salir a recorrer la isla. No había oído más que buenas palabras de ella, así que nos fuimos Carmen, Victor, Castresana y yo a ver que tenía que ofrecer y porque todo el mundo hablaba maravillas de ella.

Es fácil entender por que es tan apetecible. Una isla cómoda, fácil de recorrer, manejable y con un montón de historia y paisajes preciosos. Idea para desconectar o disfrutar del ambiente mediterráneo en ciudades tan cómodas como Mahón o Ciudadela. Nosotros utilizamos Mahón, donde además está el único aeropuerto de la isla como base hospedándonos el Hotel Carlos III en Es Castell. Remodelado, con vistas al mar y muy atentos. Muy recomendado.

Lo primero que hicimos fue dar un paseo en barco por la zona del puerto, es una buena manera de hacerse una idea de la historia de la isla de y de hacer una reconocimiento de Mahón y Es Castell a lo largo de los 6 km de puerto, plagados de restos de fortalezas y atalayas.

No en vano, esta isla fue un codiciado puerto que estuvo en manos inglesas y francesas. De mano de los ingleses llegó la Ginebra y se asentó como una bebida tradicional de la isla, tanto que se mantiene su destilería Gin Xoriguer, que sigue haciendo ginebra al estilo más tradicional como se puede ver en la propia tienda, donde además puedes degustar todas sus variedades de ginebra. No olvides probarla con limonada, en lo que se conoce como “pomada”. Ideal para combatir el calorcito.

Por supuesto, la propia Mahón merece mucho la pena. Está llena de miradores sobre el puerto y sus calles aunque se han transformado a lo largo de los siglos rezuman historia. Por ejemplo se puede encontrar el Mercat ça Plaza, que es un lugar de encuentro y un mercado de productos tradicionales, bares y restaurantes, situado en el interior de un claustro. No puedes dejar de pasear por el paseo marítimo, pequeño y que en verano cierra el tráfico a coches, así que inevitablemente acabarás pasando por él, porque es tremendamente agradable, se va metiendo en calas y tiene un montón de ambiente. Nosotros elegimos Latitud 40 para comer y disfrutar de cocina mediterranea al ladito del mar.

Por la tarde nos fuimos a recorrer un poco la isla y ver un poco sus playas. Estuvimos recorriendo una zona en Kayak, que es una de las maneras más originales y divertidas de hacerlo. Nosotros solo empleamos un par de horas, pero se organizan viajes de varios días para recorrer la isla entera, parando de cala en cala y durmiendo en las playas. ¿Un planazo, verdad? Después acabamos despidiendo el día en uno de sus preciosos faros. El de Favaritx, que se convirtió en uno de mis puntos favoritos de la isla.

El segundo día lo dedicamos a recorrer un poco el interior, así que empezamos por Es Mercadal, una preciosa población en el centro de la isla llena de pequeñas casas blancas y callejones encantadores. La ciudad comenzó siendo un mercado así que se pueden hacer un montón de compras de artesanías de la isla, siendo un punto importante el Centro Artesanal de Menorca. Además se asienta en la falda del Monte de Toro, el más alto de Menorca, así que rápidamente puedes subir a la cima y ver la isla en casi su totalidad. La vista es alucinante. Para comer optamos por Tast, que da una vuelta a la cocina tradicional de la isla con un punto moderno.

Una de las maneras más originales de recorrer el interior es haciendo una ruta a caballo. Realmente hay un montón de rutas fuera de las carreteras, y dan otra dimensión de la isla. No todo son calas aunque sean maravillosas. Seguimos el recorrido hacia el norte de la Isla para conocer el precioso pueblo de Fornells y llegar a ver el atardecer al faro de Cavalleria. Regresamos a Es Castell para cenar en una de sus calas llenas de barcos de pescadores. Cenamos en el Trebol, con unas especialidades de pescado exquisitas.

El último día lo dedicamos a conocer por un lado parte de su patrimonio arqueológico, uno de los más importantes de todas las baleares, con muchos ejemplos de prehistoria talayótica, como la Naveta d’es Tudons o el impresionante poblado de Torre D’en Gaimes. Además aprovechamos para darnos una vuelta en bicicleta de un par de horas por el interior de la isla, en el que pudimos ver garzas y alimoches además de un montón de especies vegetales autóctonas.

Por último paramos a conocer la producción del queso y vino de Mahón (el queso es exquisito) antes de hacer nuestra últimas parada en la preciosa y señorial Ciudadela, que tiene una casco histórico que no te puedes perder. Fantástico para despedir el día y el viaje. Tres días muy intensos que nos dieron una visión muy amplia de esta preciosa isla y que nos dejaron con ganas de más.

Si quieres puedes echar un ojo al plan de viaje completo y ver todos los sitios donde estuvimos.

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